Pinos, abetos, eucaliptos. Los custodios del prana

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Abeto negro

Es sorprendente la poca importancia que generalmente otorgamos a la respiración. Elser humano puede sobrevivir semanas sin ingerir sólidos y días sin ingerir líquidos. Sin embargo, sólo podríamos aguantar unos minutos sin respirar. Probablemente, la clave de nuestra deficiente concienciación se deba al hecho de que es algo que hacemos de manera inconsciente. Sólo cuando nos enfocamos en la respiración podemos utilizar verdaderamente todo su potencial.

Nuestra respiración se acelera y se hace superficial cuando estamos alterados. De igual manera, nos decimos a nosotros mismos “respira hondo” antes de afrontar cualquier reto. El control de la respiración es vital para las mujeres embarazadas en el momento del parto. Y también cuando cantamos o hablamos en público.

pinus pinaster

Pino marítimo

Los antiguos maestros ayurvedas asociaban la respiración al prana o energía vital. De ella dependemos para sobrevivir. En la China milenaria se denominaba chi o ki. Uno de los primeros ejercicios que debe dominar el aprendiz de yoga es a controlar conscientemente el flujo de oxígeno en su cuerpo. Es decir que, desde tiempos remotos, la respiración se ha identificado con aquella energía que nos permite estar vivos. Podríamos decir sin temor a exagerar que viviremos de la misma manera que respiremos. Por eso se hace cada vez más necesario en este mundo loco en que nos ha tocado estar hacerlo de una manera consciente.

Cuando hablamos de respiración, hay tres familias de aceites esenciales que nos vienen a la mente. Que proceden de los grandes árboles protectores y cuyo aroma siempre hemos asociado a un bálsamo respiratorio. Pinos, abetos y eucaliptos forman una tríada indispensable (aunque no son los únicos) a la hora de cuidar y sanear nuestras vías respiratorias.

Y tampoco debería sorprendernos a estas alturas que estos árboles amigos nos regalen, además de sus propiedades sanadoras, un empujoncito vital cuando lo necesitamos. La mayoría de pinos, abetos y eucaliptos se consideran positivizantes, lo que en lenguaje aromaterapéutico quiere decir que son tonificantes y euforizantes, que nos dan energía cuando más faltos estamos de ella. Volvemos así al concepto de prana. Por eso me gusta imaginar a estos árboles como ángeles custodios de nuestra vitalidad.

Las tres familias son numerosas y sería interminable hablar de todos sus miembros, por eso he seleccionado dos miembros de cada una.

eucalyptus radiata

Eucalipto radiado

De la familia de los abetos, grandes miembros son el Abeto azul (Picea pungens) y elAbeto negro (Picea mariana). Además de todas las virtudes anteriormente señaladas, tienen una característica reseñable: ambos se consideran cortison-like, es decir, que tienen un efecto antiinflamatorio similar a la cortisona. Nada como un buen masaje con aceite esencial de Abeto negro (convenientemente diluido en aceite vegetal) en la zona de las suprarrenales después de un duro día de trabajo. Por supuesto, ambos son también antisépticos aéreos.

Indispensables en las afecciones respiratorias son los eucaliptos, tanto el globulus (Eucalyptus globulus), como el radiado (Eucalyptus radiata), además de energizantes y antisépticos tópicos y aéreos.

Finalmente, tanto el aceite esencial de Pino silvestre (Pinus silvestris), como el de Trementina, extraída de la resina del Pino marítimo (Pinus pinaster) completarían nuestra elección de hoy. El Pino silvestre es, además, hipertensivo, con lo que deberían abstenerse de usarlo las personas con tendencia a tener la tensión alta. Sin embargo, ¡que gran chute de energía es para los hipotensos! En cuanto a la trementina, es un aceite que se viene utilizando desde muy antiguo. Recordemos la tradición del siglo XIX y principios del XX y hoy ya casi extinguida de las trementinaires del Pirineo. Las trementinaires eran mujeres que vivían en zonas del Pirineo catalán, que se dedicaban a la recolección de hierbas medicinales. Obtenían la trementina de la resina de los pinos y la comercializaban. Elaboraban pomadas, unguentos, cataplasmas y otros productos curativos con todo aquello que la naturaleza les ofrecía. El aceite de trementina es muy potente (de hecho, de él procede el aguarrás), pero insuperable para catarros y gripes. Es un aceite que se debe diluir muy bien, pero me pareció interesante incluirlo, ya que forma parte de nuestro legado cultural. De hecho, en Tuixent, una población de la comarca del Alt Urgell en Catalunya, existe un museo de Historia de las Trementinaires.

Una buena combinación de aceites para difusión en tiempo de catarros sería Eucalipto radiado, Abeto negro y Pino silvestre, acompañados de esencia de Limón, gran purificante ambiental y que aportaría un toque cítrico a la composición.

Pero vayámonos a lo más sencillo. Con sólo oler directamente del frasco de nuestro aceite esencial, notaremos cómo se nos ensanchan los pulmones. El efecto es casi mágico, inmediato. Y cuando abrimos nuestros pulmones nos sentimos mejor. Éste es el poder de los aromas, que conectan directamente con el hipotálamo, que regula nuestras emociones.

Si necesitas tranquilizarte, olfatea un frasco de (buen) aceite de Lavanda o Petitgrain. Si estás a punto de presentarte a un examen, huele el Laurel, que es para los vencedores. Pero si necesitas cargar pilas, recuperar energía y seguir adelante sin desfallecer, pinos, abetos y eucaliptos, los custodios del prana, son los que saldrán a rescatarte.

Acerca de Susanna Carré

Estudié Periodismo y he trabajado en la industria de la música, pero siempre he sido una fanática de la cosmética. Me he gastado un dineral en cremas que me prometieron que no envejecería jamás. Para acabar descubriendo en mi madurez que los elixires de la eterna juventud existen y están (y siempre han estado) en el reino vegetal y que son un regalo que nos ofrece la naturaleza en forma de aceites esenciales, aguas florales, extractos... Soy aromaterapeuta y terapeuta floral y desde que elaboré mi primera crema estoy tan enganchada a esta maravillosa alquimia que quiero mostrarte como, con unos cuantos ingredientes, un poco de tiempo y ganas de aprender, puedes fabricarte tu propia cosmética. Aquella que te va bien, es natural, ecológica y, por supuesto, está libre de sufrimiento animal y es respetuosa con el medioambiente. Todo está en la naturaleza, sólo hay que saber dónde buscarlo.
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